Arrecife, de poblado a capital de Lanzarote

Cuando el ingeniero italiano Leonardo Torriani realizó su informe sobre las fortificaciones en Canarias, dedicó un especial apartado a las de la isla de Lanzarote. En el mismo, establecía que, para una mejor defensa de la isla frente a los ataques piráticos, era necesario trasladar la capital a la costa; en concreto, recomendaba el puerto del Arrecife por ser de fácil defensa siempre que se cumpliesen sus ideas.

El Castillo de San Gabriel, Arrecife

Sin embargo, a pesar de estas sugerencias, la capital continuó en la Villa de Teguise y el puerto de Arrecife se mantuvo como un pequeño poblado de casas aglutinadas en torno a la ermita de San Ginés, con una fisonomía que apenas cambiaría a lo largo de casi doscientos años.

Charco de San Ginés

La situación se transformaría lentamente durante la segunda mitad del siglo XVIII. Por un lado, el aumento del tráfico marítimo propició el asentamiento al calor del comercio y la creación de lonjas y almacenas para el mismo. Por otro lado, el descenso de los ataques piráticos y de otras naciones, salvo en caso de conflicto bélico, hizo innecesario permanecer en el interior a resguardo de ataques que ya no se producían y renunciar a mayores comodidades en la costa. Además, la realización de obras defensivas como la construcción del castillo de San José o del Puente de las Bolas en este período atrajo a trabajadores que se unieron a marineros, comerciantes, etc.

El Puente de las Bolas

Todo ello, unido al intenso comercio provocado por la exportación de la barrilla y la prosperidad que trajo, favoreció el crecimiento del poblado que creó las condiciones necesarias para su independencia de Teguise. El año clave fue 1798, cuando la ermita de San Ginés se convierte en parroquia y se crea el municipio segregado del de Teguise, en un proceso establecido desde la Corona. Pero no fueron los únicos condicionantes: poco antes, en 1796 se había trasladado el juzgado militar desde Teguise a Arrecife. Con ello se iniciaría un proceso en el que se irían quitando a Teguise el servicio de correos, la administración de las rentas reales, el gobierno militar, etc.

La culminación de toda esta transformación se produciría casi medio siglo después, en 1847, cuando se declara a Arrecife capital insular de Lanzarote. Para entonces, ya era un núcleo de población más que consolidado que desarrollaba una trama urbana articulada en torno a las carreteras que salían hacia Tías, San Bartolomé y Teguise. Y que contaba con un gran número de viviendas, una parroquia, dos castillos, una carnicería, una pescadería y hasta una cárcel real, imponiéndose, desde entonces, como el principal centro urbano de la isla.

Para saber más:

Patrimonio Histórico de Arrecife de Lanzarote. Lanzarote, 1999.

Nota: Las fotografías de este post son de Ramón Pérez Niz.

Entrada publicada el 21 de Enero de 2015