El hotelito de Famara

Si alguna vez deciden llegar hasta Caleta de Famara y dar un paseo por su costa hasta el muelle, podrán distinguir una edificación que resalta del resto. Recientemente, y como en la mayoría de los casos por cuestiones de índole negativa, ha salido al conocimiento de la población el estado actual del edificio conocido como el “Hotelito de Famara”.

El hotelito de Caleta de Famara

Este edificio, ubicado en el pueblo de Caleta de Famara, fue construido por Luis Ramírez González, uno de los personajes más singulares del Lanzarote de las primeras décadas del siglo XX. Nacido en 1884 en El Islote e hijo de terratenientes, Luis Ramírez ocupó varios cargos a lo largo de su vida: alcalde de San Bartolomé, consejero del Cabildo, juez de paz, etc. Pero, sobre todo, era un gran amante del arte con numerosas inquietudes culturales e intelectuales. Impulsó la creación de un Museo de Historia e Antigüedades en Teguise, la restauración del castillo de Santa Barbara o Guanapay, concedió becas para niños y pobres y donó 850 libros en su testamento a la Biblioteca Municipal de Arrecife.

A comienzos del siglo XX los médicos le recomendaron tomar baños de aire marinos para cuidar su afección cardiorrespiratoria. De esta manera, en la década de 1920 adquirió una vivienda en Caleta de Famara, por entonces prácticamente desierta, que reformaría unos años más tarde, en 1933, en la edificación que es actualmente y que llamaba la atención entre las casuchas de los pescadores y los almacenes de piedra.

Primer plano del edificio

El hotelito de Famara es un edificio de dos plantas. La inferior presenta una fachada curva con una puerta principal y dos ventanas simétricas; la superior está retranqueada y con un gran hueco partido en dos. Uno de los detalles que la hacen única es su decoración exterior realizada en bajo relieve y con las iniciales de su propietario, L. R. En la fachada de la planta baja se ubica un pulpo centrado con cuatro tentáculos simétricos sobre la entrada principal.

Fachada del hotelito

En la segunda planta continúan los detalles marinos: delfines y decoración circular a modo de burbujas, un pulpo de cinco tentáculos en los remates laterales, una gran concha que acoge a ocho caracolas en en centro de la parte superior, todo ello realzado con las formas curvas que se acoplan perfectamente con los vanos y la estructura de la vivienda.

Su propietario, Luis Ramírez, pasaba muchas horas tumbado leyendo en la segunda planta mientras se beneficiaba del aire yodado marino. Él mismo llamaba a la vivienda “el hotelito” a su residencia veraniega, sobrenombre con el que es conocido popularmente en el pueblo. O también como “la casa del cura” porque su constructor y propietario la donó en su testamento a la parroquia de Teguise para que la habitasen los coadjutores, cosa que sucedió tras su fallecimiento en 1950.

Tanto su ubicación (fuera de los centros urbanos más importantes), como la decoración de motivos marinos y su estilo, la convierten en un caso único en la arquitectura lanzaroteña. Sin embargo, su estado actual es bastante ruinoso y se hace necesario una restauración completa del edificio pues los materiales de construcción tampoco fueron los más idóneos para su conservación al lado del mar. Desde luego, supone un motivo más para visitar Caleta de Famara y pasear por sus arenas.

Para saber más:

PERERA BETANCORT, Francisca Mª y DÍAZ BETHENCOURT, José: ” Los animales en el patrimonio histórico artístico de propiedad eclesiástica de Lanzarote”. XII Jornadas de Lanzarote y Fuerteventura, 2008.

Nota: Las fotografías de este post son de Ramón Pérez Niz.

Entrada publicada el 24 de agosto de 2015