La ermita de Nuestra Señora de Nazaret

El municipio de Teguise cuenta con numerosos lugares y rincones en los que perderse, comenzando por la propia villa. Sin embargo, a poco más de dos kilómetros de distancia se encuentra el lugar de Nazaret, uno de los principales pueblos de la municipalidad. Principalmente conocido por la Casa Lagomar, concebida por César Manrique y diseñada por Jesús Soto, y la falsa historia de que el actor Omar Sharif fue su propietario hasta que la perdió en una partida de cartas.

Pero el pueblo de Nazaret no es sólo la Casa Lagomar. En el margen en sentido hacia la villa se encuentra una de las ermitas menos conocidas de Lanzarote: la ermita de Nuestra Señora de Nazaret. La historia de esta ermita se remonta al siglo XVII, en concreto hasta 1648.

Ermita de Nazaret

Ese año, el mercader portugués Antonio de Sosa describe cómo ha construido una ermita bajo la advocación de Nuestra Señora de Nazaret en su cortijo de Oigue, tras obtener la licencia correspondiente para ello en 1643, y para que la ermita luzca con dignidad la dota de varios bienes y se obliga a poner en ella diversos objetos como una lámpara de plata, un cáliz de plata, una piedra de orar, manteles, albas y dos imágenes de la Virgen de dicha advocación, una de escultura y otra en cuadro.

Durante casi un siglo la ermita permaneció tranquila al borde del camino que unía Teguise con los puertos de Naos y Arrecife. Hasta que la erupción volcánica de 1730 provocó el desplazamiento de un buen número de habitantes de las zonas afectadas que se asentaron en los terrenos más fértiles de la isla, entre ellos Nazaret. En 1735 el lugar aparece con 15 vecinos (aproximadamente 40 habitantes), población que mantendrá durante casi medio siglo. El lugar se convierte en una de las principales zonas de cultivo de la barrilla a finales del siglo XVIII lo que propiciará un lento crecimiento, pero no será hasta comienzos del siglo XX cuando Nazaret supere el centenar de habitantes.

La ermita y su plaza

La ermita se encuentra en la zona antigua del lugar y, aunque ha conservado buena parte de su legado como su pavimento, su estructura actual se debe en gran medida a los trabajos de restauración que se realizaron a finales del siglo XVIII. La edificación gira en torno a una única nave pequeña con techumbre de madera que mantiene el diseño primitivo. También cuenta con una barbacana en el exterior. Sin embargo, lo más relevante se localiza en el interior donde se conserva un retablo de madera con dos hornacinas laterales y, sobre todo, la lámpara votiva de plata de procedencia americana.

La tranquilidad del entorno y una pequeña plaza en la zona frontal invita al visitante a realizar una parada en el camino que, desde Arrecife, accede a la villa de Teguise y disfrutar por un momento de este rincón.

Entrada publicada el 11 de Noviembre de 2015