Los cementerios de Arrecife

Aunque hoy no está bien visto hablar de ella o se la ignore, consciente o inconscientemente, la muerte constituye uno de los elementos que convierten al ser humano en lo que es. Durante muchos siglos fue un elemento cotidiano en la vida de las gentes que poblaban no sólo las islas sino los demás países europeos: las epidemias, los conflictos bélicos, la pobreza, las hambrunas y otras situaciones la convertían en un visitante permanente.

Esta presencia se acentuaba aún más si tenemos en cuenta que a lo largo de bastante tiempo los enterramientos se producían en los recintos religiosos: iglesias parroquiales, iglesias de los conventos y ermitas, lugares sagrados donde se esperaban conseguir las indulgencias para acceder a la vida eterna. Así sucedió hasta bien avanzado el siglo XVIII cuando las Reales Órdenes de Carlos III y Carlos IV prohíben los enterramientos en las iglesias y establecen la construcción de cementerios.

Este hecho supuso un quebradero de cabeza para las autoridades municipales de la época, que tuvieron que buscar lugares en los que situar dichos cementerios, por lo general en el extrarradio y fuera de los límites de la ciudad. Sin embargo, en el caso de Arrecife eso no sucedió inicialmente. El primer cementerio que tuvo la ciudad se hallaba situado justo detrás de la parroquia de San Ginés y unido a la iglesia, rodeado por un muro y con una puerta exterior. Era heredero de un pequeño camposanto que ya existía desde que la primitiva ermita se situó en su lugar definitivo. Aquí permaneció durante algunos años hasta que, en 1809, se trasladó a otra ubicación debido a las crecientes necesidades de la población. Este segundo cementerio se instaló a las afueras de la ciudad, enclavándose donde hoy se sitúa el Instituto de Bachillerato “Agustín de Espinosa” en la calle Coronel Bens.

Cementerio Agustín Espinosa

* Fotografía de la colección de Agustín Hernández en la web de Lanzarote.

Sin embargo, el constante crecimiento de la ciudad así como el mal estado en que se encontraba el lugar por la poca profundidad de las fosas hizo aconsejable un nuevo traslado del cementerio. De esta manera, entre 1870 y 1871, se construye un nuevo camposanto a la salida de la ciudad en la carretera de Arrecife a Tías. Un cementerio marino pues estaba muy cerca de la playa del Reducto que permanecería en pie durante más de un siglo, y que contaba con un cementerio no católico separado del católico por una pared divisoria. Precisamente la cercanía del mar provocó la necesidad constante de obras de mantenimiento.

Cementerio de Arrecife

La expansión de Arrecife y el crecimiento poblacional obligaron al Ayuntamiento a buscar nuevos terrenos para la construcción de otro camposanto, el cuál se ejecutó en la zona de Argana empezando a funcionar en 1971. En 1982 se demolió el cementerio marino del que únicamente se conserva el frontispicio, que se trasladó al de Argana, y algunas esculturas salidas del taller del artista conejero Pancho Lasso. Con este último traslado se daba carpetazo al cementerio histórico de Arrecife perdiéndose así una obra urbanística y obras artísticas en su interior como lápidas, mausoleos, etc.

Para saber más:

– Montelongo Franquiz, Antonio y Falero Lemes, Marcial A.: El Puerto del Arrecife. Lanzarote, 2000.

– Hernández Delgado, Francisco y Rodríguez Armas, María Dolores: Hambrunas, epidemias y sanidad en Lanzarote. Lanzarote, 2010.

Entrada publicada el 10 de Febrero de 2015