Timanfaya: La erupción que transformó Lanzarote

Tal día como hoy, pero hace 287 años, se produjo el evento que puede considerarse como el más significativo de la historia de Lanzarote en los últimos trescientos o cuatrocientos años: la erupción de Timanfaya. La relevancia de este suceso es tal que cambió no sólo la orografía de una parte considerable de la isla sino también la economía y la relación del lanzaroteño con la tierra.

Como señaló el entonces cura de Yaiza en un Diario que realizó de los sucesos:

El 1 de septiembre de 1730, entre 9 y 10 de la noche, se abrió de pronto la tierra a dos leguas de Yaiza, cerca de Chimanfaya. Desde la primera noche se formó una montaña de considerable altura de la que salieron llamas que estuvieron ardiendo durante diecinueve días seguidos.

Timanfaya

En efecto, el volcán reventó cerca de la aldea de Chimanfaya, nombre original de la zona, y comenzó a vomitar lava y cenizas después de una serie de movimientos sísmicos que habían alertado a la población. Este proceso eruptivo, el más importante y de mayor duración del archipiélago canario, se prolongaría durante cinco años, contando con breves períodos de calma.

Un proceso volcánico tan intenso y de tan larga duración tuvo efectos a todos los niveles. Buena parte de la población huyó despavorida hacia otras islas, fundamentalmente Fuerteventura y Gran Canaria, ante el temor de que la lava cubriese la mayor parte de Lanzarote. Además, numerosos lugares quedaron sepultados por la lava y el lapilli; lugares como Chimanfaya, Mancha Blanca, Santa Catalina, Buen Lugar y Maso, por citar algunos, desaparecieron para siempre de la geografía conejera.

Caldera del Coranzoncillo1500px

Pero, además, tuvo importantísimos efectos en la economía lanzaroteña. Las erupciones se produjeron en una de las zonas más fértiles que Lanzarote tenía entonces, donde se cultivaba el trigo y otros cereales, desapareciendo cortijos y pajeros bajo la lava. También, buena parte de la isla se llenó de malpaíses, es decir, zonas improductivas para el cultivo y el ganado. Pero no todo fue negativo. Los habitantes de la isla se dieron cuenta muy pronto que las capas de picón o lapilli esparcidas sobre los terrenos eran beneficiosos para la agricultura, al conservar la humedad durante tiempo más prolongado permitiendo superar períodos de sequía. Así, en 1775 se funda la primera bodega en La Geria dando inicio a una tradición vinícola que se ha mantenido hasta la actualidad y que ha transformado el paisaje de esa zona.

De una catástrofe los habitantes de la isla supieron sacar lecciones valiosas; adaptaron el paisaje a sus necesidades y lo han convertido en esencia de la isla siendo La Geria el modelo más evidente y relevante. El Parque Nacional de Timanfaya es un ejemplo visible de la intensidad de la erupción pero también de la fuerza con que aquella caló en la personalidad del lanzaroteño.

Para saber más:

PALLARES PADILLA, Agustín: Nuevas aportaciones al conocimiento de la erupción de Timanfaya (Lanzarote). Arrecife, 2007.

Nota: La fotografía de este post es de Ramón Pérez Niz. La pintura de la Caldera del Corazoncillo, de Jorge Marsá.

Entrada publicada el 31 de agosto de 2015