Viajes científicos en el siglo XIX: Haeckel en Lanzarote

Con la llegada del siglo XIX, la mejora de las comunicaciones y la sed del conocimiento propiciaron el aumento de los viajes y expediciones científicas que desde el siglo anterior se diseminaban por todo el planeta. Las Islas Canarias no permanecieron al margen y dada su naturaleza volcánica así como los endemismos propios y la cercanía a Europa fueron objeto de numerosas visitas, varias de las cuales se acercaron a Lanzarote.

Una de ellas fue la que, entre diciembre de 1866 y marzo de 1867, realizó el zoólogo alemán Ernst Haeckel, uno de los científicos alemanes más reconocidos del siglo XIX y conocido por su contribución al desarrollo de la Ecología y por propagar las ideas darwinistas en Alemania, de las cuales fue un gran convencido. A pesar de su juventud, pues solo contaba con treinta y dos años, cuando Haeckel arribó a Canarias ya era catedrático de zoología en la Universidad de Jena y había publicado su obra “Morfología general de los organismos”.

Acompañado de su colega el naturalista alemán Richard Greeff y dos alumnos, el ruso Nicolai Nikolajewitsch Miklucho-Maclay y el suizo Hermann Fol, habían llegado a Tenerife en noviembre de 1866 e intentaron la ascensión al Teide. Aconsejados por Sabino Berthelot, se trasladaron a Lanzarote para estudiar la fauna marina del Atlántico, dado que ya había hecho lo mismo con la del Mediterráneo y el Mar del Norte, y deseaba poder hacer una comparación entre aquellas.

Haeckel en Lanzarote

Su llegada supuso todo un acontecimiento para la pequeña capital, pues Arrecife por aquel entonces no sobrepasaba los tres mil habitantes. Fueron el tema central de las conversaciones de los lanzaroteños y objeto de elucubraciones, como que venían a explorar la isla para el gobierno prusiano, que pretendía conquistar el archipiélago, mientras que para otros eran espías franceses. Lo cierto es que la comunicación lingüística con la población local no pareció haberles resultado un problema pues Haeckel señaló que se entendían bastante bien en español y el resto lo suplía la extraordinaria amabilidad de los conejeros para con los extranjeros. Según el zoólogo alemán, en general, eran gentes muy buenas e inofensivas pero desconocedoras de las luces y sombras de la civilización europea y con un nivel de formación global muy bajo.

Los científicos alquilaron una casa en lo que hoy se denomina la Calle Real y contrataron un par de barqueros para salir a capturar la fauna pelágica mediante redes de arrastre, por lo que la elección de Arrecife como zona de investigación fue la más afortunada. Durante los casi tres meses de estancia, sólo realizaron dos excursiones por la isla: a Haría, a los primeros días de su llegada, y a Yaiza y Montañas del Fuego poco antes de partir hacia Europa.

Lo interesante de esta expedición es que fue la primera en estudiar en profundidad una parte de los animales marinos en las islas. Haeckel reunió alrededor de 500 especies raras o nuevas y sus investigaciones se plasmaron en varias obras publicadas en los años siguientes.

Para saber más:

SARMIENTO PEREZ, Marcos: La expedición científica de Ernst Haeckel a Lanzarote (1866-1867). Las Canarias en la Teoría de la Evolución. Málaga, 2011.

Nota: La fotografía que ilustra este post corresponde a esta colección de imágenes del científico.

Entrada publicada el 25 de noviembre de 2015